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Diciembre 09, 2019

Relatos de domingos: escuelita de fútbol

Mayo 05, 2019 0

Peter Parker. Así comienza la pequeña, mínima, casi nimia diría, historia del día de hoy, basada estrictamente en hechos reales.

Cuando se tiene hijos se proyecta en ellos, nada novedoso lo que se leen en éstas líneas, sin embargo el tema deportes requiere una proyección o capítulo aparte. Me atrevería a decir que más que si de una proyección se trataría, en ese rubro y principalmente en fútbol, es un cine 4D megamax, en cinemascope y rutilante technicolor.

La primera incursión del púber en cuestión (no importa su nombre, podríamos llamarlo “individuo de control”) en el deporte fue la natación. El motivo nunca lo tuve claro (supongo que él tampoco), puede ser porque el país hace agua constantemente, porque hay que “remarla” y varias interpretaciones más que no vendrían al caso.

Su primer movimiento fue “la bomba”. Teniendo en cuenta lo que tardó en emerger del fondo, es indudable que se trataba de una bomba de profundidad.

Acto seguido interpretó, a sus noveles 5 años el lastre, movimiento involuntario que lo deposita en el fondo de la piscina y requiere que la profe lo rescate del mismo, sin mayores maniobras reanimatorias… me dijeron que el color morado de su cuerpo se debía a la frialdad de las aguas…

Por último, ante un pedido específico de la profesora mi hijo arguyó “dolor de pecho” y nos retiramos de la pileta directo a la guardia.

Luego de esperar allí entre mocos, sollozos, llantos, gritos y celulares nos atiende un doctor el que luego de revisarlo nos dice “no tiene nada, ¿ustedes le preguntaron si quería hacer natación?”… pequeño gran dilema, respondido con un rotundo NO por la personita en cuestión…

Ahora si, una vez en casa para que no pierda el poder de la pasión presintonizo todos los canales de deportes para ver con cual se reenganchaba (América Sports lo omití, no creo que una carrera de turismo cachapé y canapé Fiat 600 en Paraje El Soldado Chamamé colabore en nada en su formación deportiva…).

Luego de un prolongado (y para quien escribe ésta líneas angustiante) derrotero el niño, a ésta altura ya de 6 años, abre su boca para pronunciar las 6 letras universales, mágicas, armoniosas “fútbol”. Ese era la práctica deportiva elegida y hacía ella fuimos.

Lo que mi infancia era conocida como potreros no existe más. Los parques enormes donde se podía jugar libremente en mi infancia (como el Parque a la Bandera) fueron “cocidos o zurcidos” con senderos de hormigón, donde el Roller es el rey de los deportes (¡que bien que nos está yendo con esa elección, el campeonato mundial de Rollers de Connecticut es todo nuestro!) y es entonces que las canchas desaparecieron y con ellas las pelotas de tiento que te dejaban pelado al cabecearla.

La opción es clara, escuelita de fútbol del centro. Hacía allí nos dirigimos, después del colegio, procediendo a cambiarlo en el vestuario.

Real Madrid y Modric, Barcelona y Messi, Juventus y Ronaldo, PSG y Neymar y así sucesivamente hasta el hartazgo, todos las camisetas de los compañeritos de fútbol ya con varios años en esas lides por lo visto, intimidaron a nuestro héroe… sin embargo sacó fuerzas de flaquezas y se colocó la remera de Unión, comprada 4 años antes (preveer es educar…) ¡saliendo a las cancha con el pecho henchido de gloria! (dos minutos después se acercó el profe y me devolvió un gorro de lana que se había olvidado entre la remera y el pecho…).

En los primeros ejercicios de calentamiento, deben pararse en aros de plástico de diferentes colores de acuerdo al grito del profesor. El daltonismo del pequeño ayuda a mitigar el mal momento…

Luego de varios fallidos comienza la división en grupos para la práctica activa del deporte más hermoso del universo… y también algo de fútbol.

Viendo como reaccionaba a los diferentes avatares del partido se vino a mi mente inmediatamente un partido de básquet del año 90 donde el, en ese entonces, presidente riojano de la nación fue invitado a jugar un encuentro con la selección que se preparaba para el mundial. Todos corrían para un lado y él siempre en contramano, volviendo cuando sus compañeros iban y así durante todo el encuentro.

De pronto, lo inaudito. No sabré decir si se desmarcó cual pantera o si fue un extraño e inescrutable designio del destino, pero quedó solo frente al arco desguarnecido, ¡el rival más cercano a 20 metros, el gol ansiado, el primer escalón hacia una escalera repleta de éxitos!

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Peter Parker. El nombre común del hombre araña en su versión ciudadana nunca jugó al fútbol (ni tan siquiera salta en Wikipedia algún ignoto jugador jamaiquino con ese nombre), nunca entenderé porque la estrella de éste relato en vez de empujar el balón al arco vacío optó por querer sujetarla con telarañas invisibles que salían de sus muñecas…

Fue culpa mía, talvez si en vez de ver el Hombre Araña le habría mostrado Batman con el tema del Bati habría tenido más éxito…

Modificado por última vez en Domingo, 05 Mayo 2019 12:01
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