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Noviembre 21, 2019

El equilibrio se rompió y entró en zona de turbulencia

Octubre 21, 2019 0

Central cortó la racha de empates de la peor manera, con una derrota en el final ante Vélez que lastimó mucho. Pese a los merecimientos, repite la sensación de que para empezar a ganar debe crecer.

Central cruzó una frontera. Rompió el empate y eso sólo podía significar dos cosas: alivio o preocupación. Fue lo segundo. Un mundo indeseable, indefectiblemente de turbulencias. Porque el de Cocca es un equipo insuficiente. Para ganar partidos, esos que traen los puntos que cuentan. Para evitar que los rivales de turno le copen por momentos la parada y lo lastimen. Para generar una identidad, lo destaque y le traiga dividendos. Por eso esta nueva desazón, que esta vez no fue un punto que poco hubiera tenido de bienvenido, aunque ese testazo final de Riaño hubiera dicho lo contrario. Esta vez fue el tiki tiki de Vélez el que lo contrarió. Tanto, que lo dejó en zona de descenso. Una pendiente que lo obliga a mejorar para remontar y que empieza a preocuparlo.

   La imagen final de ese cabezazo de Riaño en el travesaño, el posterior de Novaretti que Giménez sacó en la línea atenuaron la sensación de frustración, la camuflaron de mala fortuna. Las protestas contra Penel en aquella caída de Brítez, la vistieron de injusticia. Y en conjunto ofrecieron explicaciones a la derrota mínima que le infligió un Vélez que cuando logró final de jugada, lo sentenció. Pero lo dicho, no le alcanza a este equipo porque le falta la generación de juego que sincronice con tanto esfuerzo. Porque aunque ayer el rival en verdad no rubricó grandes situaciones, le merodeó mucho e hizo fácil la circulación en el medio canalla. Como habitualmente.

   Esas postales se repitieron en la Superliga, como el protagonismo que busca casi siempre y la recompensa que nunca llega. Y cuyas respuestas habrá que rastrearlas en introspectiva. Porque Central es el que enciende el entusiasmo con ráfagas, pero el que no aprovecha. El que también es dominado, como en ese primer tiempo para el archivo. El que levanta de los asientos al público cuando penetra veloz por las bandas, pero preocupa cuando le hacen circular la pelota entre los volantes centrales. El que ilusiona con el gol propio y hace temer el ajeno.

   Y ese equilibrio que hasta anoche hablaba de invicto a puro empates, ayer se rompió de la peor manera para Central. En el terreno de los merecimientos pudo parecer una injusticia la derrota, pero el fútbol no se trata de eso y al fin el gol postrer rival tampoco fue una acción fuera de ese contexto donde el equipo de Cocca ofreció flancos débiles. Como en un recambio ayer en otra sintonía y ritmo, que es a todas luces una desventaja.

   Quedarse en los reclamos, razonables o no, como apuntó Cocca (ver aparte), no parece ser lo conducente. Más vale la apreciación de Novaretti (ver página 6) en este caso en que en definitiva, y aún partiendo de la base aceptable que tiene, Central no puede ganar. Esa sensación no emergió ayer en Arroyito, sí se corporizó en un mal resultado y precisa entenderlo, decodificarlo, para en la próxima entregar mejores argumentos que puedan conducirlo de nuevo a la necesaria victoria. Por momentos jugó y no le alcanzó como siempre, pero perdió como nunca. Algo no está haciendo bien, parece obvio.

Hasta ayer destacaban los 13 sin perder, hoy los 8 sin ganar

Si alguien hubiera pronosticado hace varios meses que Central llegaría a octubre con un invicto de 13 partidos todos en el mundo canalla habrían preguntado dónde había que firmar. Pero cuando este invicto llegó a su fin (y el equipo de Cocca fue el último en perderlo en la Superliga) emergió el otro valor que estaba bajo la alfombra: que con el de ayer, los auriazules alcanzaron nada menos que 8 cotejos sin victorias, con 7 empates seguidos y la caída ante Vélez. El número conjugó con quedar en zona de descenso, que sólo aliviaría hoy una derrota de Central Córdoba (SdE).

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