En
el año 2002 Rosario cumple 150 de vida como ciudad. Nacida
en el siglo XVIII como una pequeña aldea rural del Pago de
los Arroyos, y consagrada Ilustre y Fiel Villa, en 1823, adquirió
el rango de ciudad por la ley provincial del 3 de agosto de 1852.
El gobernador de Santa Fe, Domingo Crespo, así lo reconoció
formalmente dos días más tarde. Fue recién a
partir de entonces que inició una etapa de vertiginoso desarrollo
al punto de llegar a ser en muy pocas décadas la segunda urbe
de la República Argentina y una de las ciudades más
pujantes de Sudamérica.Rosario no nació de la voluntad
oficial, ni fue fundada en el marco de una política de poblamiento,
o de defensa estratégica. Esta situación se revirtió
a partir de 1852 cuando se convirtió en el instrumento deuna
contundente acción política tendiente a convertirla
en centro de un modelo político y económico alternativo
al vigente desde los tiempos del virreinato.Si bien Rosario no fue
fundada, porque no estuvo en la intención expresa de la autoridad.Más
allá de las distintas fechas que se dan como fundantes de su
nacimiento: 1725, aludiendo al nombramiento del Alcalde de Santa Hermandad;
1730, fijando como fecha el establecimiento de la Parroquia de la
Virgen del Rosario en el Curato de los Arroyos; y 1757, en que Santiago
Montenegro donó tierras para levantar la nueva capilla y trazar
la plaza, todos coinciden en que nuestra ciudad es el producto de
una sumatoria de hechos y que en las postrimerías del siglo
XVIII la capilla presentaba una fisonomía de aldea o pueblo.
Los
factores del crecimiento:
Existieron
factores geográficos constitutivos que posibilitaron el nacimiento
de aquel Pago de los Arroyos y que se potenciaron con la elevación
de Rosario como ciudad: su condición ribereña del río
Paraná; la fertilidad del territorio; el encontrarse en el
caminode las dos ciudades más importantes del litoral; y su
lejanía con la región en manos de los aborígenes.
En términos actuales podríamos hablar de una región
productiva segura situada estratégicamente.Asimismo la religiosidad
de los primitivos habitantes sirvió de germen urbanizador,
porque la práctica de la fe y la devoción por la Virgen
del Rosario, que se veneraba en la modesta capilla, convocó
y agrupó a los pobladores del Pago de los Arroyos. Por eso
la Iglesia y la legislatura provincial de Santa Fe dieron a la Virgen
el título de "Fundadora", ciento setenta y ocho años
atrás. Desde 1731 los rosarinos festejaron como su día
el de la Virgen, todos los primeros domingos de octubre.Por eso el
"Día de Rosario", el 7 de octubre, y el "Día
de la Ciudad", el 3 de agosto, son fechas fundacionales que permiten
involucrar a los rosarinos en el ejercicio de la memoria histórica
individual y colectiva.
Rosario
baluarte político y económico de la nueva argentina
constitucionalA mediados del siglo XIX, el caudillo de Entre Ríos,
Justo José de Urquiza, lideró un movimiento tendiente
a derrocar al todopoderoso Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos
Aires, encargado de las Relaciones Exteriores de las provincias argentinas,
y supremo caudillo del denominado Partido Federal, que detentaba del
poder absoluto de la política interna desde hacía más
de dos décadas.El 1 de Mayo de 1851, las provincias de Entre
Ríos y Corrientes, las más perjudicadas por el centralismo
económico que protegía el mandatario porteño,
aceptaron la renuncia presentada por Rosas como encargado de las relaciones
exteriores y esto aceleró una disputa que terminó en
el terreno de las armas.Bajo la promesa de hacer efectiva la libre
navegación de los ríos interiores, Corrientes, Entre
Ríos, Brasil y Uruguay firmaron un pacto de alianza para poner
fin a la extensa dominación de Rosas y se encargó el
mando supremo de las fuerzas a Urquiza, dando origen al denominado
Ejército Grande.La Villa del Rosario, de casas bajas y calles
mal delineadas, que por entonces no superaba los tres mil habitantes,
había sufrido durante décadas la postergación.
Su puerto natural, que le brindaba excelentes perspectivas desde el
punto de vista del libre comercio había sido cerrado a los
buques extranjeros por un decreto de Rosas, fechado el 22 de enero
de 1841.Esta disposición impidiendo la navegación por
los ríos Paraná y Uruguay a los buques que no tenían
patente argentina postergaron los afanes progresistas de los rosarinos.
El
pronunciamiento a favor de Urquiza:
En
una de las tantas reuniones llevadas a cabo en la oscuridad de la
noche, para no caer en las manos de la autoridad, los conspiradores
habían resuelto plegarse a Urquiza ni bien éste cruzara
el Paraná para brindarle el apoyo más completo. Por
entonces la Legislatura de Santa Fe había autorizado al gobernador
para disponer de personas, propiedades y cuando fuese útil
en defensa de Rosas, pudiendo dar muerte sin trámite ni proceso
a los que directa o indirectamente se opusieran a sus órdenes
o favorecieran al "loco, traidor, salvaje unitario Justo José
de Urquiza".El movimiento que en definitiva estalló el
25 de Diciembre de 1851, en el Hueco de Cardozo, ubicado en las proximidades
de la calle San Luis y Mensajerías, estuvo comandado por el
coronel Juan Agustín Fernández, quien notificó
a Urquiza: "A las 8 de la mañana de hoy me he pronunciado
con la valiente división a mis órdenes en favor del
Ejército de la Cruzada que V.E. tan dignamente preside... Una
comisión nombrada por el firmante, compuesta de los señores
Corvalán, Lara, y Bayo pasan a felicitar a V. E. en nombre
de este vecindario: ellos manifestaran "in voce" el entusiasmo
de los patriotas..."El general entrerriano comprendía
el valor estratégico que aquella población tenía
para sus objetivos. Hasta entonces había sido el más
importante centro de operaciones de las tropas federales en el litoral.El
Ejército Grande acampó en las afueras de la ciudad,
y allí se sumaron las tropas rosarinas, que sumaban más
de mil hombres, y dos mil quinientas cabezas de ganado, un refuerzo
de incalculable valor para la última etapa de la campaña
hacia Buenos Aires.Antes de que Urquiza entrara en la Villa lo hizo
el teniente coronel Domingo Faustino Sarmiento, uno de los más
encarnizados adversarios de Rosas, trayendo consigo la primera imprenta
que conoció la ciudad, y que tenía por finalidad imprimir
los boletines de campaña. Fue recibido por Marcelino Bayo,
juez de Paz; el cura párroco, oficiales de la milicia y principales
vecinos.Al día siguiente se distribuyó la primera hoja
impresa en Rosario, que llevaba la firma de Sarmiento. En ella sentenció:
"El Rosario está destinado por su posición topográfica
a ser uno de los más poderosos centros comerciales de la República
Argentina".Los rosarinos coadyuvaron en forma decisiva en esa
campaña, sublevándose abiertamente contra Rosas, el
que fue derrotado en los campos de Caseros, el 3 de febrero de 1852
en los campos de Caseros.Los dos batallones integrados por vecinos
de Villa del Rosario, a las órdenes del teniente coronel Juan
Agustín Fernández y del mayor Dámaso Centeno,
se batieron con singular denuedo, cabiéndole la gloria de haber
participado de una campaña que condujo al país por la
senda de su organización constitucional definitiva.Vencido
Rosas retornaron a Rosario sus milicianos, quienes fueron felicitados
especialmente por el general vencedor, con la promesa de que los ayudaría
en sus aspiraciones de progreso. Hacía 130 años que
había surgido un caserío en torno del humilde oratorio
del Pago de los Arroyos, y 29 que la aldea de la "Capilla del
Rosario", había recibido la categoría de "Villa",
bajo el patronato de Nuestra Señora del Rosario, pero aún
sufría postergaciones en el manejo de su propio destino.Juan
Alvarez escribió que con la victoria de Caseros se inició
una nueva era para la ciudad: "todo ha de verlo llegar en pocos
años la oscura y pobre villa, antes maniatada y empobrecida
por errores políticos o económicos. Los rosarinos diéronse
cuenta inmediatamente de lo que significaría para el país
y para ellos mismos el cambio fundamental a que estaban asistiendo".Por
su parte, Miguel Angel De Marco, actual presidente de la Academia
Nacional de la Historia y uno de los más documentados especialistas
del período en cuestión resumió aquellos días
claves con las siguientes palabras: "El decidido apoyo que Rosario
brindó a Urquiza en su campaña contra Rosas constituyó
la piedra de toque de su rápido crecimiento".
La
ley declaratoria de ciudad
En
tal sentido, con fecha 9 de junio de 1852, Urquiza escribió
al gobernador de Santa Fe, don Domingo Crespo, para que procurara
erigir a Rosario en ciudad, interviniendo en estas gestiones Nicasio
Oroño, quien con sus 27 años de edad iniciaba una promisoria
carrera política. El mandatario provincial gestionó
por sí mismo, ante la Junta de Representantes, para que sancionara
la ley respectiva, la que fue aprobada el 3 de agosto y promulgada
dos días más tarde.Los legisladores santafesinos no
ocultaron que con la resolución favorable de la cuestión
respondían a un pedido político emanado del nuevo dueño
de la situación nacional: "atendiendo a los merecimientos
de la villa y a las muy atendibles y preferentes solicitudes del Excelentísimo
señor Director Provisorio de la Confederación, ilustre
general Don Justo José de Urquiza y del actual gobierno de
la provincia".El texto de la ley que la elevaba al rango de ciudad
"con las prerrogativas y fueros correspondientes" explicaba
los motivos tenidos en cuenta:a) su posición local, que la
ponía en contacto directo con el interior y el exteriorb) por
su crecido número de habitantesc) por su comercio activo con
todos los pueblos de la RepúblicaDos días más
tarde, Crespo, junto a su ministro secretario general Manuel Leiva,
puso a la ley un cúmplase solemne pero la dirigencia provincial,
cumplida la finalidad principal de satisfacer a Urquiza, no se preocupó
por ponerla en vigencia. Como bien lo señala Juan Alvarez,
"seis años transcurrirían antes de que se organizara
a las autoridades municipales, y requirió dos años más
instalarlas". Hasta entonces siguió sujeta a los dictados
de la Capital provincial, bajo la égida de un juez de paz.Integraban
aquella legislatura santafesina, presidida por Urbano de Iriondo,
Mariano Comas, Ricardo Aldao, Manuel I. Pujato, José Iturraspe,
Patricio Cullen, Caracciolo de Larrechea, Tiburcio Aldao y Cayetano
de Echague.
Las
herramientas para el crecimiento
Sin
embargo la flamante ciudad, ungida en baluarte del gobierno de la
Confederación Argentina, recibió de parte de las autoridades
nacionales, con sede en la ciudad de Paraná, poderosas herramientas
para su crecimiento: El 28 de agosto de ese año, apenas veinticinco
días después de la declaratoria de ciudad, el Director
Provisorio de la Confederación dictó un "Reglamento"
abriendo los ríos a la navegación universal, lo que
significó terminar con el monopolio de Buenos Aires. Este es
el primer documento oficial en que Rosario apareció habilitada
como puerto, con aduana propia, por eso, coincidiendo con Gabriel
Carrasco puede afirmarse "que de esa fecha data la era de su
engrandecimiento comercial y político".Pocas semanas bastaron
para que la provincia más rica y poderosa del país organizara
un ejército y se alzara en armas en defensa de los privilegios
económicos adquiridos para su puerto desde los tiempos virreinales,
y se apoderara de los pasos de Martín García y Zárate,
lo que imposibilitó cumplir con el "Reglamento".
Urquiza lo sustituyó por otro, el 3 de octubre, permitiendo
el acceso directo de los buques de ultramar a Rosario y demás
puertos, sin la obligación de hacer escala previa y llevar
guardias a bordo. El 28 de diciembre se creó la Jefatura Política,
delegación del gobierno santafesino en el sur provincial. Las
medidas de libertad de navegación de los ríos, creación
de su aduana, las franquicias que la República Oriental dio
a los buques de Santa Fe y la sanción de los derechos diferenciales
del puerto, creados como se dijo con la finalidad de romper con el
monopolio de Buenos Aires, incrementaron su población y su
comercio, colocándola a una altura sorprendente, arrastrando
en su crecimiento a todo el sur de la provincia de Santa Fe y parte
de la de Córdoba."Con río cerrado al comercio exterior,
pobreza y atraso; con río abierto, prosperidad y cultura",
ejemplificó Juan Alvarez. En muy pocos meses se percibió
un gran cambio, favorecido por la coyuntura política nacional.
Al separarse la provincia de Buenos Aires del resto del país,
el 11 de septiembre de 1852, con el rechazo del Acuerdo de San Nicolás,
a través del cual los gobernadores de las provincias argentinas
habían confiado a Urquiza la conducción nacional y la
convocatoria a un Congreso General Constituyente, nuestra ciudad pasó
a ser el centro de las actividades económicas de la Confederación
y potencial candidata a ocupar el cargo de capital económica.También
pasó a ser centinela de la Constitución Nacional de
1853, a la que juraron defender el 9 de Julio de ese año. Gracias
a ella ahora tendría libertad de comerciar, de transitar, de
utilizar el río, "vehículos de grandeza".Unos
años más tarde, la ciudad asombrada de su propio progreso,
inauguró su primer banco, el "Nacional de la Confederación"
y también el establecimiento de un juzgado de primera instancia.
La
instalación de la Municipalidad
El
20 de diciembre de 1858 la legislatura provincial sancionó
la ley de Constitución de la Municipalidad de Rosario, compuesta
de diez municipales y tres suplentes, presidida por el Jefe Político
del Departamento, autoridad electa desde Santa Fe. Asimismo se le
asignó como límites: por el este y el norte el Paraná,
y por el sur y oeste, los arroyos Saladillo y Ludueña.La instalación
de la primera Municipalidad ocurrió el 12 de febrero de 1860,
puso punto final a la etapa "teórica" de la ciudad,
administrada por jefes políticos o de policía nombrados
desde Santa Fe, en un contexto de gran inestabilidad.Meses más
tarde, Eudoro Carrasco impulsó con éxito la creación
del escudo de Rosario, definitorios de una identidad ya distintiva:
Un ancla, que simbolizaba el comercio marítimo del puerto,
estaba flanqueada por un arado del país, una gavilla de trigo,
frutos e instrumentos de labranza, y emblemas de la industria agrícola;
y una barranca, coronada por una batería, desde donde asomaba
un brazo portando la bandera nacional recordaba la creación
de la misma por Manuel Belgrano.Rosario, desde la declaratoria de
ciudad al centenario de la Revolución de MayoEl Congreso de
la Nación declaró a Rosario sede de las autoridades
del país, pero la ley fue vetada por el presidente Bartolomé
Mitre, y luego por el presidente Domingo F. Sarmiento en 1869 y 1870.En
menos de dos décadas de crecimiento ininterrumpido Rosario
pasó a ser la ciudad más importante del interior del
país, por eso en 1867, se presentó en el Congreso de
la Nación un nuevo proyecto para declararla capital de la República.
A tal fin el gobernador Oroño obtuvo la cesión, por
parte de la legislatura de Santa Fe, del territorio comprendido entre
los arroyos Saladillo y Ludueña, con una legua de fondo al
oeste.Sin embargo, el presidente Mitre vetó esta ley, derecho
que le reservaba la Constitución Nacional, y frustró
así el traslado de las autoridades nacionales que debería
haberse hecho en 1870. Por su parte Domingo Faustino Sarmiento, que
había asumido recientemente la presidencia de la nación,
vetó por segunda vez la ley aprobada en Congreso, argumentando
que el traslado no era oportuno.En 1864 se levantó el edificio
de la Jefatura Política, en la esquina de Córdoba y
Buenos Aires, en representación del gobierno provincial.Gracias
a su red de mensajerías, al aumento de la navegación
fluvial, y a la combinación entre ambos servicios, Rosario
se convirtió en el centro de las comunicaciones entre Buenos
Aires, los países limítrofes y las flotas de ultramar,
con el interior del país. En 1870 se estableció un servicio
regular directo desde Génova y Nápoles a Rosario, con
escalas en los principales puertos del atlántico. Un año
antes, Rosario y Buenos Aires ya estaban unidas por el telégrafo.En
abril de 1863 se inauguraron las obras iniciales del ferrocarril que
uniría Rosario con Córdoba, con la presencia del presidente
Bartolomé Mitre.En 1872 abre sus puertas la Biblioteca Popular
de Rosario, y un año después hizo lo propio la Sociedad
Pedagógica, convertida más tarde en Biblioteca Pedagógica
e Infantil. Sobre la estructura docente y material del Colegio Santa
Rosa se creó, en 1874, el Colegio Nacional.Rosario durante
los años de la guerra del Paraguay se convirtió en un
centro de embarque de los contingentes, y un lugar de aprovisionamiento
de la escuadra aliada. Ese intenso movimiento benefició al
comercio local. Sin embargo la sangría humana en jóvenes
rosarinos que dejaron su vida en esa contienda fue enorme.Flamantes
instituciones sociales y benéficas surgieron en la década
del 60 en la ciudad: las Damas de Caridad, la Sociedad Española
de Socorros Mutuos, la Sociedad Italiana de Unión e Benevolenza,
y la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos, entre otras.A la inauguración
del servicio de alumbrado a gas hidrógeno, en 1870, en el radio
céntrico, se sumó en 1871 la puesta en marcha de un
servicio de volantas, y en 1872, el servicio de Tranways, tirados
por caballos.Para recibir a los inmigrantes se organizó en
1870, el Asilo, en la intersección de calle Urquiza y del Puerto,
que al igual que la Oficina de Trabajo, dependía de la comisión
de inmigración.
Rosario,
eje de la actividad económica
En
ese mismo año quedaron inauguradas totalmente las vías
férreas del Ferrocarril Central Argentino que unió a
Rosario con Córdoba. Este emprendimiento, al igual que el desarrollo
de la navegación a vapor y la actividad portuaria, constituyó
un pilar de su rápido crecimiento.El 1 de septiembre de 1874
abrió sus puertas el Banco Provincial de Santa Fe, llamado
a convertirse en la palanca del crédito productivo para la
región. En 1876 se construye un nuevo edificio para la aduana,
de imponente factura para la época, tenía bastiones
y torres almenadas. El movimiento portuario, que había crecido
sin detenerse, así lo demandaba.La primera exportación
de cereales Argentinos a Europa partió desde Rosario en 1878,
partidas provenientes de Colonia Candelaria, de Carlos Casado.En noviembre
de 1883 se inauguró el Ferrocarril Oeste Santafesino que unió
a nuestra ciudad con una rica región cerealera. La línea
llegó primero a Colonia Candelaria, hoy Casilda, y luego continuó
hasta el sur cordobés. Construido por Carlos Casado del Alisal,
la estación local estaba situada en el actual Parque Urquiza,
terreno privilegiado para descargar los cereales.Tres años
más tarde Buenos Aires y Rosario quedaron unidas por rieles,
y separadas por apenas siete horas de viaje; y en 1891 el Ferrocaril
Francés estableció la línea Santa Fe Rosario.Para
1910 Rosario contaba con múltiples estaciones, que la vinculaban
a los principales centros de producción y consumo de la Argentina,
y en la que entraban y salían unos 100 trenes por día:
Central Argentino, Oeste Santafesino, Buenos Aires-Rosario (Sunchales),
Compañía Fives Lille, Central Córdoba, la Compañía
General de Ferrocarriles en la Provincia de Buenos Aires, y el Ferrocarril
Rosario a Puerto Belgrano.Este sistema ferroviario significó
la casi desaparición de las líneas de vaporcitos que
unían a Rosario con las poblaciones del litoral, y obligó
a esas empresas a ofrecer mejores servicios.En 1885 la ciudad estaba
unida con las principales ciudades europeas a través de 10
líneas directas de buques de ultramar, con salidas mensuales.Hacia
mediados de la década del 80, la rivera del Paraná,
entre las calles España y el bulevar Argentino, hoy avenida
Pellegrini ya se había conformado un complejo portuario, gracias
a los muelles particulares, que utilizaban un barato sistema de canaletas
que volcaban las bolsas en las bodegas de los transatlánticos.El
26 de octubre de 1902 se puso la piedra basal de las obras de modernización
del puerto de Rosario, que técnica y operativamente pasó
a funcionar como uno de los más importantes del mundo.
Expansión
demográfica y los nuevos servicios
Al
ritmo de este crecimiento se produjo una expansión demográfica
nunca vista. La llegada del aluvión inmigratorio y la colonización
provocó el nacimiento de centenares de nuevos pueblos y ciudades,
y el aumento de la producción agrícola.En 1858, la ciudad
tenía 9.785 habitantes; y veinte años después,
50.914. A partir de 1887 su incremento poblacional la convierte en
un caso único en Sudamérica, porque en ocho años
casi duplicó su cantidad de habitantes: 94.000 personas, de
las cuales un 46% eran extranjeros. En 1907 pasó a tener 150.000
y en 1914, 221.500.El intendente Grandoli firmó el contrato
para la instalación de aguas corrientes, servicio que fue librado
al público en 1887. El agua que se distribuía por la
Compañía de Aguas Corrientes fue turbia y sucia hasta
principios del siglo XX, evolucionando lentamente en su potabilidad.
En 1891 se inauguró el alumbrado eléctrico, coexistiendo
con el sistema a gas.El intendente Santiago Pinasco presentó
en 1905 un proyecto de instalación de tranvías eléctricos,
y un año después una empresa belga comenzó el
servicio público, que cubría la ciudad y sus alrededores.El
adoquinado de piedra de las calles de la ciudad cobró especial
impulso hacia 1888, y a partir de 1896 se utilizó también
el adoquinado de madera.En la segunda mitad del siglo XIX, la ciudad
de abastecía de verduras y hortalizas en el Mercado Sud, creado
en 1857 en la manzana de San Martín, San Luis, San Juan y Barón
de Mauá, donde luego funcionó a partir de 1904 el Mercado
Central.A fines del siglo XIX la ciudad contaba con una prospera industria
que fabricaba los más variados productos, entre las que se
destacaban por su infraestructura, cuatro de aceites, dos de cervezas,
y una refinería de azúcar. Esta última, ocupaba
en 1889 a 700 obreros.Por entonces surgieron el Club Industrial, el
Centro Comercial, la Bolsa de Comercio, y la Sociedad Rural de Rosario.Entre
1880 y 1910 se construyeron importantes edificios públicos
y privados como el Hotel Italia, el Hotel Savoy, la Bola de Nieve,
el que ocupa hoy el Obispado de Rosario, la Bolsa de Comercio, el
Palacio de los Tribunales Provinciales, el Teatro Colón y el
de la Opera; y notables residencias sobre los bulevares.En 1897 quedó
inaugurado el Palacio Municipal, sobre la Plaza 25 de Mayo.El sistema
cloacal, que entró en servicio en 1899 dejó mucho que
desear, y estaba a conectado a un 30% de las casas existentes, por
lo que se habilitaron numerosos baños públicos. La situación
higiénica de la ciudad, a principios del siglo XX dejaba mucho
que desear, y fue el caldo de cultivo de enfermedades contagiosas.Entre
las instituciones y hospitales que surgieron para dar respuesta a
estos requerimientos podemos mencionar: la Casa de Aislamiento, luego
Hospital Carrasco; el Hospital Rosario (Clemente Alvarez), la Asistencia
Pública, Hospital Italiano, Enfermería Anglo Alemana,
Asilo de Huérfanos, Asilo del Buen Pastor y el de Mendigos.El
cementerio San Salvador, se inauguró en 1856, y en 1886, el
Enterratorio Municipal, conocido más tarde como cementerio
La Piedad.Para 1910 había 18 sociedades de beneficencia y 26
sociedades de socorros mutuos. En aquel entonces la masonería
rosarina en auge también cumplió tareas asistenciales.Entre
1898 y 1904, Rosario contó con la continuidad de intendente
hacedores, de feliz memoria para el progreso de la ciudad: Luis Lamas,
Isidro Quiroga y Daniel Infante.Una conquista urbanística la
constituyó el Parque Independencia, con 60 hectáreas
de extensión, habilitado al servicio público en 1902,
que albergó desde entonces al Jardín Zoológico,
al Hipódromo del Jockey Club y la pista ciclística del
Veloz Club Rosario. Ya en ese entonces Rosario contaba con las siguientes
entidades deportivas, por orden de antigüedad, Rosario Cricket
Club, Rosario Athletic Club, Plaza Jewell, Club Alemán, el
Polo Club, Rosario Rowing Club, Rosario Central, Gimnasia y Esgrima
y Newell´s Old Boys.En 1916 se inauguró el nuevo edificio
de la Jefatura Política, frente a la plaza San Martín,
reemplazando al antiguo de Córdoba y Buenos Aires.El vigoroso
crecimiento que comenzó a adquirir la cultura rosarina en ese
entonces estuvo reflejado por la creación de un gran nosocomio
para solemnizar el centenario de la revolución de Mayo, el
Hospital Escuela del Centenario. En 1912, se inauguró la Biblioteca
Argentina, y se organizó la asociación El Círculo.Dos
años después se dictó la Ley Sáenz Peña,
que garantizaba el sufragio universal, secreto y obligatorio, y la
provincia de Santa Fe fue el lugar donde se aplicó por primera
vez la nueva experiencia electoral, que llevó al radicalismo
a la gobernación, y a destacados dirigentes de ese partido
y de la Liga del Sur al Congreso de la Nación.En conmemoración
del primer centenario de la Revolución de Mayo de 1810 la ciudad
-que a partir del censo de 1895 ya detentaba el segundo lugar en importancia
y población de la República- con sus doscientos mil
habitantes, construyó por suscripción popular el Hospital
del Centenario y la Biblioteca Argentina. Los imponentes festejos
que se extendieron por todos los barrios, y la colocación de
una docena de piedras fundamentales promesa de futuros emprendimientos,
reflejaban el orgullo de una ciudad progresista que ya contaba con
400.0000 habitantes. Entre 1914 y 1926, apenas 12 años, "había
duplicado su población".De cara al futuroEl siglo XX comenzó
y terminó con la realización de dos obras públicas
de magnitud. Las dos fueron tomadas como banderas de la esperanza
y señal de reactivación de los ideales fundacionales
de la ciudad de Rosario: el puerto, en 1902, y el Puente Rosario-Victoria
en la pasada década.La conmemoración de los 150 años
de ciudad bien puede ser una oportunidad para que los rosarinos reflexionemos
sobre los factores constitutivos de Rosario como un proyecto alternativo
al centralismo económico y un baluarte de las libertades conquistadas
por la constitución nacional de 1853.
Rosario,
su descripcion e historia (resumida):
Su
Descripcion :
Rosario
(ciudad, Argentina), ciudad del este de Argentina situada en la provincia
de Santa Fe; constituye un puerto fluvial del río Paraná.
Su superficie es de 172 km2. Su clima es templado y sus temperaturas
anuales oscilan entre los 10 °C y los 23 °C. La
ciudad es la tercera más importante del país, un nudo
ferroviario y centro portuario. Los buques de gran calado llegan hasta
la ciudad a través del Paraná; sin embargo, el limo
que arrastra obliga a dragar periódicamente el canal entre
la ciudad y el Río de la Plata. La ciudad exporta cereales,
harina, heno, aceite de linaza, maíz, azúcar, madera,
carnes, pieles y lana. El complejo de puertos privados se extiende
entre las localidades de Rosario y San Lorenzo y exportan el 65% de
los cereales argentinos. Sus fábricas procesan harina, azúcar,
carnes y demás productos alimentarios, pero posee una industria
diversificada. La ciudad es sede de la Universidad Nacional de Rosario
(1968).
Su
Historia (resumen):
Rosario fue fundada en 1725, aunque no dejó
de ser una pequeña aldea hasta 1850, año en que se creó
el puerto y las aduanas. La ciudad tiene un diseño moderno,
con amplios bulevares, hermosos parques como el de la Independencia,
y atractivos suburbios. Entre su patrimonio cultural se encuentra
el monumento a la Bandera, el convento de San Carlos (siglo XVIII),
además de gran cantidad de museos y bibliotecas. La crisis
de la reconversión industrial afectó seriamente a la
aglomeración, pero también surgieron nuevas oportunidades.
Un extenso puente la conectará con la región de Mesopotamia,
el denominado puente Rosario-Victoria. Población (1991, en
el Gran Rosario), 1.095.098 habitantes.